De repente, el mundo
Siempre que se aborda en el mar un navío grande y populoso, principalmente si es extranjero, con una tripulación supongamos de láscares o filipinos, la impresión que se tiene no es nunca igual a la que se experimenta al entrar en una casa desconocida,habitada por desconocidos y en tierra extraña. Tanto la casa como la nave, la primera con sus muros y postigos, la otra con sus altas bordas que parecen murallas, ocultan su interior a la mirada hasta el último instante. Pero en el caso de la nave se añade esta circunstancia: la de que el espectáculo viviente que esconde, al quedar repentinamente al descubierto, produce en cierto modo, por contraste con el vacío océano que lo rodea, el efecto de un prodigio. La nave no parece real; los trajes, gestos y rostros extraños semejan un fantasmagórico retablo surgido de las profundidades, las cuales pronto recobrarán lo que han prestado.
Benito Cereno, Herman Melville