Fiándose de las fotografías
El libro El arte del zen el tiro con arco fue escrito por Eugen Herrigel a principios de los años 50. En él, en clave autobiográfica, Herrigel relata sus vicisitudes con un maestro zen japonés que le enseñó el arte del tiro con arco. El libro explora el significado del esfuerzo aplicado a una disciplina y cómo entiende la cultura oriental la consecución de los logros (es muy divertida la reganiña que le dedica el maestro al alumno: “no me extraña que, siendo filósofo, seas incapaz de acertar ni una sola vez el blanco.”)
A la popularización del libro en occidente contribuyó, entre otros, Cartier-Bresson que lo reivindicó como libro de cabecera.
Volveremos a este libro en alguna otra ocasión, pero ahora he entresacado un extracto que me parece curioso y que se desarrolla al final del libro cuando alumno y maestro se separan (sí, ya sé que estoy contando casi el final, pero en este caso es absolutamente irrelevante):
“Cuando una vez le pregunté al maestro cómo podríamos seguir progresando sin él, después de haber regresado a nuestra patria, contestó: “Ustedes han llegado a un nivel donde maestro y discípulo ya no son dos, sino uno. Por eso pueden separarse de mí en cualquier momento. Aunque se extiendan vastos mares entre nosotros, siempre estaré presente cuando ustedes se ejerciten como aprendieron. No tengo que pedirles que bajo ningún pretexto dejen de practicar con regularidad, ni dejen pasar un día sin ejecutar la ceremonia, aunque sea sin arco ni flecha, o por lo menos sin respirar según las reglas del arte. No tengo que pedírselo porque sé que ya no podrán abandonar jamás el tiro con arco espiritual. No me escriban nunca al respecto, pero mándenme de vez en cuando una fotografía que muestre cómo estiran ustedes el arco. Entonces sabré todo lo que necesito saber”".