La herida en la venda
Hasta el 10 de junio se puede visitar en la Casa Encendida de Madrid una exposición de dibujos de Daniel Johnston, pertenecientes a su ex-manager Jeff Tartakov. Johnston, aquejado de problemas mentales, se refugió en el dibujo y la música desde niño para tratar de conjurar sus demonios (literalmente hablando). Su universo pertenece a un estado previo a la experiencia donde la lucha del bien y el mal, iconizado en los superhéroes de la marvel, y los desdenes amorosos pulsan las entrañas de un organismo siempre a punto de venirse abajo. Su música, ese peculiar lo-fi, está cargada de ritmos simples y letras ásperas e ingenuas que, como las quejas de un niño, solo ganan en densidad por una cierta reiteración machacona. No es una poesía con mayúsculas y tampoco atrapa por su calidad formal, sino que es tan eficaz y acaba calando tan hondo como la voz de un niño capaz de repetir cien veces “mamá por qué no vamos al parque; mamá por qué no vamos al parque; mamá por qué…”
Y cuando te enfrentas a su universo te das cuenta de que no se puede jugar a según qué cosas. Cuando algo te atrapa, estás atrapado; es parte de tí, como tus uñas o tu pelo, e importa bien poco lo que pienses sobre ello. Todo va a a salir de ahí. Y cuando uno saca agua de ese pozo el soporte o el medio que se utilice se vuelve irrelevante. Los resultados siempre estarán limpios de imposturas. Uno puede jugar a ser un maldito, pero la herida o se tiene, o no se tiene.
La fotografía de arriba muestra a Daniel Johnston con sus padres. Daniel se independizó a petición de sus padres que creían que le podría venir bien en su desarrollo. Daniel, hijo agradecido y obediente, esperó años a tomar la decisión; justo hasta el momento en el que la parcela que estaba al lado de la casa de sus padres estuvo disponible.
Este enlace muestra un fragmento del documental que Jeff Feuerzeig hizo de Daniel Johnston y que lleva por título The Devil and Daniel Johnston
