Las fotografías que aparecen en el álbum deben estar realizadas en los años 30 o 40 del siglo XX (coches, vestimentas,… así parecen anunciarlo). Es de suponer que el álbum esté realizado también por aquel entonces. Pero no tiene pinta de ser un trabajo hecho inmediatamente. Parece que el autor se ha dado tiempo. ¿Cuánto? El necesario para decantar la mirada, para reposarla, como si quisiera hacer un recuento de emociones, hasta llegar a ese lugar donde éstas se pueden mirar como si fueran ajenas. Con su ruido y su furia amortiguados; pero a la vez compactado, encerrado dentro, metido en estos diminutos y frágiles cartones; a presión si es necesario. Un sabio ejercicio de músculo.
Y para que esto suceda las fotografías del álbum deben estar están hechas también desde el músculo; insitiendo en el ojo, obligándolo a mirar más, como si se se pudiera tensar a voluntad: encuadres, luces, composiciones… Una mirada atenta que sabe que las fotografías son también contenedores delicados en los que, a nada que pongamos el cuidado adecuado, podremos meter la nitroglicerina necesaria para reventar el mundo emocional del que se ponga a tiro sin haber tomado las protecciones adecuadas.
Y entonces el autor se pone manos a la obra; con paso firme. Cada página presenta asociaciones insólitas y brillantes: un esquiador comparte página con el primer plano del lomo de cuatro tomos del diccionario de Espasa; un hombre que se convierte en sombra erotizada mientras dos niñas, ajenas al juego aportan su presencia; cuatro fotografías en las que aperece una chica en la playa, comparten espacio con una esculturita de latón; el mar se convierte en viaje y el horizonte termina en la puerta entreabierta de un caserón; varias páginas dedicadas a una única mujer, acaban cuando otra aparece en escena. Su súbita presencia queda enmarcada en un espacio interior nuevo, también fotografiado, como si la piel y el espacio fueran texturas que cosen las relaciones y no se pudiese cambiar una sin la otra; … y se llega al final.
Final sin final. Porque un álbum solo se puede hacer mientras se vive; mientras se tiene la sensación de que trazar un mapa emocional del mundo también da cuenta de su existencia. Los muertos tienen otros privilegios.






























