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Martin Parr

Este texto transcribe la introducción del libro Our true intent is all for your delight editado con motivo de la exposición que The Irish Museum of Modern Art organizó para mostrar las fotografías que John Hinde realizó en las colonias de verano de Billy Butlin durante los años sesenta. La exposición fue comisariada por Martin Parr:

Los campamentos de verano ideados por Billy Butlin son una institución británica única. Los concibió durante una lluviosa semana de vacaciones en las Islas Barry, en Gales, mientras estaba encerrado en una árida pensión. Allí soñó con un centro de vacaciones para las masas trabajadoras de clase media, donde pudieran disfrutar de buenos momentos, independientemente de cual fuese el impredecible clima británico que les tocase en suerte.

Butlin puso en marcha su nueva forma de entender el ocio en 1936, aunque durante la Segunda Guerra Mundial sus instalaciones fueron usadas como barracones para el ejército. Después de la guerra, con la sensación de alivio y la recién estrenada prosperidad, los campamentos Butlin florecieron. Ofrecían vacaciones baratas para todos y ponían a disposición de los veraneantes, que además estrenaban la recién creada paga anual por vacaciones, lujos novedosos como eran los disponer de agua caliente y comida sin racionar. Como en Disneylandia, una vez que los turistas estaban en el campamento todos los entretenimientos y diversiones eran gratis. Butlin quería mantener en sus establecimientos toda la camaradería y confraternidad que hay en un campamento, más todas las comodidades de un hotel de primera clase. Entendíó, desde el principio, cada palabra del lema “Nuestro único objetivo es que ustedes disfruten” que vió inscrito en un organillo de feria. Años después cayó en la cuenta de que esa frase era una cita de la obra de Shakespeare Sueño de una noche de verano.

Billy Butlin había comenzado su carrera en el mundo del entretenimiento montando una barraca de feria con la que iba de comarca en comarca. En el momento en el que vendió su imperio a la organización Rank en 1972, había establecido nueve campamentos, alojando cada uno de ellos a unas mil personas al día, una red de parques de ocio y varios hoteles y restaurantes. Hoy el nombre de Butlin forma parte de la cultura británica. De hecho había hasta una serie de televisión, la comedia Hi-de-hi, ambientada en los campamentos y que popularizó algunas escenas de la vida cotidiana que se llevaba allí: los animadores, llamados los “chaquetas rojas”; los “arriba, arriba, el desayuno está preparado” vociferados desde la megafonía del campamento y, las desparramantes competiciones, entre las que se incluían “el concurso de rodillas temblonas”, “la cara más fea” y “las abuelitas glamourosas”. En palabras de Billy, sus nuevos centros de vacaciones fueron una revolución social. En esto, los británicos parecen estar de acuerdo: diez millones de personas en el Reino Unido han disfrutado de las vacaciones Butlin, y muchas de ellas, más de una vez. Después de alcanzar su más alta cota de popularidad a principios de los años ‘70, los campamentos empezaron a declinar, debido sobre todo a la popularización de destinos más baratos como España y Portugal. Algunos de los campamentos Butlin se modernizaron, pero lo cierto es que sus días de gloria habían pasado.

Recuerdo el verano de 1971 con precisión. Junto con Daniel Meadows, un colega de la Politécnica de Manchester, estaba trabajando en un campamento Butlin como “fotógrafo walkie” en Filey. El cometido de un “fotógrafo walkie” era el de fotografiar, en mi caso todavía en blanco y negro, a los alegres campistas con sus cestas de picnic almorzando por ahí y después disfrutando de lo lindo en el bar. Yo tenía la certeza de que la naturaleza alborozada del establecimiento se ajustaría muy bien al tipo de fotografía que me me apetecía hacer. Regresé al campamento para la campaña de 1972, esta vez sin Daniel, y ascendido a “fotógrafo walkie en color”. También se me permitió fotografiar en el Beachcomber Bar. Este era un sitio lleno de plantas tropicales, con camareras con faldas hawaianas y, lo mejor de todo, con una tormenta tropical cada media hora. Las asombrosas postales del campamento producidas por John Hinde me impresionaron en cuanto las vi. Eran inspiradoras y deprimentes al mismo tiempo. Inspiradoras porque las imágenes, con colores vivos y supersaturados, eran un registro ideal del lugar; deprimentes porque hacían que mis elaboradas imágenes en blanco y negro pareciesen grises y sin vida. En los años ‘70 toda la fotografía “seria” estaba realizada en blanco y negro, mientras que el uso del color estaba restringido para su uso en trabajos comerciales y en fotografías de aficionados. Por ello, aunque me apasionaban las postales de Hinde, pensaba que su trabajo nunca sería valorado como fotografía “seria”.

Coleccioné las postales del campamento de Filey producidas por John Hinde y, durante los años siguientes, coleccioné también las postales de otros campamentos Butlin. A comienzos de los años ‘80 comencé a realizar fotografías en color, siempre con la mente puesta en las imágenes creadas para Butlin pero ahora con el espaldarazo que suponía la emergente “nueva fotografía” realizada en color en Estados Unidos. El momento que marcó el punto de inflexión fue la exposición de William Eggleston en el MoMA de Nueva York, comisariada por John Szarkowski en 1976. Szarkowski había dirigido el departamento de fotografía del MoMA con tal aplomo y seriedad que cualquier idea o nuevo fotógrafo que contase con su apoyo adquiría, instantáneamente, credibilidad. De repente parecía que, con una sola exposición, la fotografía realizada en color se había convertido en algo serio.

A finales de los ‘80, comencé a intentar contagiar mi entusiasmo por la obra de Hinde. Finalmente convencí al Museo Irlandés de Arte Moderno de Dublín para que le organizara una exposición. Aunque Hinde era inglés, había fundado su compañía en Irlanda, así que la idea de comenzar en Dublín parecía bastante apropiada. Comenzó entonces la ardua tarea de seguir la pista del protagonista en cuestión. Hinde había vendido su empresa de postales en 1972 y lo único que teníamos de él era una dirección en Mallorca. Junto con David Lee, que había sido designado por el Museo para organizar la exposición, comenzamos la búsqueda, pero nuestros esfuerzos por localizarle fueron infructuosos. Incluso enviando a David a Mallorca nuestra investigación no avanzó un milímetro. Aproximadamente un año después, cuando habíamos perdido toda esperanza de localizarle, recibí una nota manuscrita garabateada por él en la que decía que había oído que estaba intentando localizarle y que qué era eso de una exposición.

En aquel entonces Hinde estaba viviendo en Francia, en la Dordogna. David fue allí para entrevistarle. También habló con los otros fotógrafos que Hinde había empleado para hacer las fotografías mientras él se ocupaba de dirigir el negocio. Aunque Hinde fue muy receptivo ante la idea de organizar una exposición con sus fotografías, su manera de ver las cosas era un poco distinta a la nuestra. Él era un tipo con un sentido comercial muy desarrollado que intentaba crear imágenes que fuesen inmediatamente atractivas para todo el mundo. Por eso no acababa de entender por qué estábamos tan interesados en las imágenes de los campamentos Butlin. Él prefería, en vez de éstas, promocionar sus imágenes de safaris africanos.

Hablando con él, la historia completa comenzó a salir a la luz. Nacido en una familia acomodada en 1916 en Somerset, Hinde era el bisnieto de James Clark, el fundador de los zapatos Clark. A finales de los años treinta, Hinde había destacado como uno de los pioneros de la fotografía en color y comenzó una exitosa carrera en Londres. Realizó fotografías en color para libros tales como Citizens in War en 1945 y Exmoor Village en 1947. Él era un destacado miembro de la Royal Photographic Society y había dado conferencias, que eran esperadas con ansiedad, explicando los últimos desarrollos en fotografía en color. Hinde era bien conocido por sus copias al carbón. Con este proceso cada color debía imprimirse separadamente, lo que en ocasiones hacía que obtener una copia fuese el resultado de un día entero de trabajo.

En 1947 Hinde recibió el encargo de fotografiar el circo Ricoh, trabajo que fue publicado en 1948 en el libro British Circus Life. Le emocionó profundamente el mundo del circo y la gente que trabajaba allí, hasta tal punto que abandonó su carrera como fotógrafo y comenzó a trabajar en el circo como gerente, primero para Ricoh y luego para Bertram Mills y Chipperfields. Fue en el circo de Ricoh donde conoció a Jutta, una trapecista voladora, con la que poco después contrajo matrimonio. Por aquel entonces, Hinde comenzó a desear tener su propio circo. Dándose cuenta de que el mercado en Gran Bretaña estaba un poco saturado, decidió probar fortuna en Irlanda, movido por el recuerdo de una encantadora visita realizada allí con Ricoh. En 1955 comenzó el “Show de John Hinde”, pero sólo duró una temporada. Eligió uno de los veranos más húmedos que se conocían en Irlanda, registró pobres entradas y el circo terminó en bancarrota. Viviendo aún en Irlanda, Hinde retomó su carrera como fotógrafo para ganarse la vida. Allí comenzó a fotografiar el impresionante paisaje irlandés. En 1956 montó una empresa para comercializar las postales producidas a partir de las fotografías obtenidas. Después de un periodo de 18 meses, había perfeccionado el proceso de producción de postales y lanzó al mercado sus seis primeras postales.

El lanzamiento coincidió con el descubrimiento de Irlanda como nuevo destino de vacaciones. La inauguración del aeropuerto de Shannon hizo que Irlanda fuese particularmente accesible para los americanos. El aeropuerto estaba en la costa oeste de Irlanda y permitía a los americanos rastrear, por los alrededores, sus raíces irlandesas, a la par que podían  explorar los salvajes y bellos paisajes. Fue en el aeropuerto de Shannon donde Hinde vendió sus primeras postales en 1957. Sus brillantes colores las hacían muy atractivas para las nuevas audiencias. Siempre experimentando nuevas técnicas y un gusto exagerado por las cosas bien hechas, Hinde hacía las separaciones de tono en Italia y las imprimía mediante un sofisticado proceso. Sus postales eran mucho mejores que las producidas por sus competidores. A principios de los años ‘60, Hinde había producido 300 imágenes diferentes de Irlanda y expandido sus puntos de venta en Reino Unido y Estados Unidos. Hacia 1966 la suya era una de las mayores compañías de producción de postales en el mundo. La exposición celebrada con motivo del 10º aniversario de la fundación de la compañía fue inaugurada por el Primer Ministro. Se trataba de una ejemplar historia de éxito empresarial en la Irlanda moderna.

Era sólo cuestión de tiempo que Butlin llamase a la puerta de John Hinde en busca de una nueva imagen para sus campamentos de vacaciones. Las postales anteriores encargadas por Butlin no tenían la fuerza ni la brillantez necesarias para promocionar los campamentos, mientras que las de Hinde, pensaba, serían ideales. Hacia 1965 Hinde había empezado a fotografiar el día a día de los campamentos ayudado por los jóvenes fotógrafos alemanes Elmar Ludwig y Edmund Nägele, a los que más tarde se uniría el fotógrafo británico David Noble. Mirando ahora las fotografías es difícil distinguir a un fotógrafo de otro, pero se puede afirmar que el sello personal de la casa, definido y desarrollado por Hinde, es el que hizo todo el trabajo.

Pero a pesar de esto, Hinde nunca se mostró especialmente entusiasmado respecto al trabajo que se realizó para Butlin. De hecho, cuando me topé con él en una de las salas durante la inauguración de la exposición en el Museo de Arte Moderno de Dublín en 1993, le encontré bastante sorprendido por la atención que estas imágenes habían generado. La exposición fue un éxito de crítica y público y fue una ocasión para revalorizar las postales, que han llegado a ser una parte integral de la cultura visual irlandesa. Durante muchos años el nombre de John Hinde estuvo asociado con la fotografía cursi, y ahora el público se sorprendía al comprobar que había mucho más que eso.

La historia de la fotografía es inconstante. Mirando estas imágenes hoy, me parece que son de las más potentes realizadas en Gran Bretaña en los ‘60 y ‘70. Mientras que las imágenes de Hinde han calado en el subconsciente de los británicos e irlandeses, ninguna historia de la fotografía se ha hecho eco de su influencia o importancia. La fotografía documental que representa a Gran Bretaña en este periodo es en blanco y negro, romántica, caprichosa y a menudo pictorialista. Los fotógrafos que hicieron las fotografías para Butlin han desarrollado exitosas carreras comerciales y no creo que sean conscientes del significado de su trabajo.

Acercar estas imágenes a las nuevas audiencias es una misión. El impacto que tuvieron en mí en 1971 fue intenso y todavía me mantienen hechizado. Cada imagen ofrece un buen ejemplo de lo que debe ser una buena fotografía: entretenida, producto de una mirada precisa y llena de valores evaluables histórica y socialmente. Parecen fotografías tomadas de manera casual, pero sabemos por los fotógrafos cuántas complicaciones y dificultades entrañaba la realización de cada una de las imágenes para las que se preparaban meticulosos escenarios. Como en todas las imágenes de Hinde, éstas muestran una idealizada mirada de un mundo que, con el paso del tiempo, adquiere el status de sueño perdido. Aún así, lo más reseñable de estas postales es que fueron laboriosamente producidas con grandes dosis de esfuerzo. Pero este esfuerzo no estuvo al servicio de sublimes ideas o complejas teorías del arte, sino para producir humildes postales que se vendían por unos pocos peniques a los turistas.

© del texto Martin Parr

© fotografías John Hinde

Fotografías:
David Noble, Campamento Butlin en Pwllheli, Tren y Panorama
William Eggleston, portada del catálogo de su exposición el el MoMA comisariada por John Szarkowski
Portadas de libros ilustrados con fotografías de John Hinde editados por Collins y Harrap entre 1942 y 1949
David Noble, Campamento Butlin en Bognor Regis, El lago de las barcas
Elmar Ludwig, Campamento Butlin en Ayr, La sala de baile de los viejos tiempos
Elmar Ludwig, Campamento Butlin en Ayr, El salón de descanso y la piscina cubierta climatizada (nivel calle)

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