Este texto aparece en el libro (con ISBN 4-473-01920-9) de Naoya Hatakeyama publicado en 2002 por el Iwate Museum of Art y el National Museum of Art de Osaka y que acompañó una exposición que mostraba distintos trabajo de Hatakeyama. El texto, escrito por el fotógrafo, sirve de introducción a las fotografías que componen el trabajo “Voladuras” desarrollado en varias localizaciones pero con un denominador común: la potencia controlada.
“Mirando hacia abajo desde lo alto de la cantera, el técnico encargado de las detonaciones me dice dónde debo situar mi cámara. “Un poco más hacia delante y un poco más hacia la derecha”. Paso a paso fijo la posición del trípode.
Cuando el sonido de una sirena que se oye a lo lejos cesa veo cómo la ladera revienta de repente, alcanzando 20 metros de altura. El aire me golpea con una violentísima contundencia. Unas 2.000 toneladas de rocas han volado por los aires y, gradualmente, todos los restos flotan en la atmósfera y después vuelan directamente hacia mi cámara.
Mientras la pongo a buen recaudo, sorteando los trozos de rocas, se me ocurre preguntarme si hay en japonés un equivalente para la palabra “naturaleza”.
Se me ocurre pensar esto porque las instrucciones del técnico son siempre correctas. Sin duda, él comprende perfectamente la “naturaleza” de la roca, es decir, conoce tanto su composición como la del terreno al que pertenecen. Su metodología es siempre precisa: cava un agujero y lo rellena con explosivos; luego se vuelve hacia mí y me dice, apuntando al suelo con el dedo: “Las rocas volarán exactamente hasta aquí”.
Debido a su larga experiencia como técnico en explosiones es capaz de mantener una conversación con la “naturaleza” de las rocas y, a través de ella, éstas pasan a formar parte de sí mismo. Creo que no se puede aspirar a tener ese grado de comprensión solamente mirando u observando. Y justo esto es lo que encierra el secreto de lo que quiere decir “entender la naturaleza”.
Pienso si el oficio de fotógrafo todavía existe como metodología. Mientras el fotógrafo siga comunicando con la “naturaleza” de la luz, comprenderá también la “naturaleza” de lo que fotografía. Pero si la fotografía ha perdido su capacidad para ser una metodología habremos perdido un recurso importante para tratar de comprender la “naturaleza”. Si esto llegase a suceder no importa cuánto nos molestemos en enfatizar algo y convertirlo en representación. No haremos otra cosa que admirar la naturaleza desde lejos, quizá para siempre”.


