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Tod Papageorge

Tod Papageorge. Fotografía del proyecto Central Park. Publicada en el libro Passing Through Eden: Photographs of Central Park, editado por Steidl

La carrera fotográfica de Tod Papagorge es curiosa. Comenzó a hacer fotografías en 1962 cuando era profesor de literatura inglesa en la Universidad de New Hampshire al descubrir la obra de Henri Cartier-Bresson. Después fue alumno de Winogrand (que luego fue su mentor), compartiendo clase con Meyerowitz. Dirigió desde 1979 el departamento de fotografía en la Yale University School of Art. Entre sus estudiantes más conocidos están Philip-Lorca diCorcia, Lois Conner, Abelardo Morell, Andrew Bush, Susan Lipper, Gregory Crewdson, An-My Le, Anna Gaskell y Katy Grannan. Algunos de ellos son bien conocidos por trabajar en esto que se ha dado en llamar “set-up photography”.

En la entrevista que reseñé en el post de ayer, Alec Soth le dice que le parece increíble la fotografía que aparece en el libro en la página 20 (la que encabeza este post). Le pregunta que si se acuerda de qué estaba pasando allí. Tod le responde que no tiene ni idea. Que no sabe de dónde ha salido el tipo con la carta del oculista ni qué diablos pinta allí al lado de aquella mujer. Y luego expone algo que no es la primera vez que sucede en la historia de la fotografía. T. S. Eliot, dice, hace la clara y brutal distinción entre el arte que nos inunda con el “aura” de la experiencia y el arte que presenta la experiencia en sí misma. Cualquier artista creo debe responder de manera muy concienzuda  por cuál de las dos caras de la moneda apuesta en su trabajo.

Cuando los surrealistas se apropiaron de la obra de Atget (éste les concedió que sus fotografías apareciesen en La revolution surrealiste, pero que por favor no asociasen su nombre a aquéllo), Breton y compañía debieron pensar que estaban ante la prolongación, en forma de foto-fija de la película Paris que duerme. Una mirada naive contextualizada al servicio de algo mayor (o al menos eso pensaban).Lo cierto es que lo único que habían hecho es que Berenice Abbott, con la maleta debajo del brazo cargada con los negativos de Atget, inaugurase la fotografía moderna dejando un océano entre medias.

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