Desde el año 1998 una de las actividades profesionales a las que me he dedicado ha sido al diseño editorial. Fruto de este trabajo han salido algunas cosas que me han gustado bastante (otras, me temo, se van a quedar en el cajón).

Hacer un libro es una trabajo apasionante que maneja problemas de materia, de forma, de tiempo y por supuesto, de respeto a una tradición. Ese respeto es el que nos obliga a que el trabajo editorial sea lo más cuidadoso posible, midiendo bien el uso de los elementos con los que trabajamos (tipografías, papeles, tintas, etc).

Pero también debemos ser muy rigurosos con la manera en la que presentamos en página los contenidos, mediante una adecuada distribución de tamaños, pesos, densidades, contrastes, etc; todo ello al servicio de la información que el autor quiere transmitir. Porque el mejor diseño es ése que, como si del espejo de Alicia se tratara, nos permite pasar, sin fatiga, al otro lado.

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